sábado, 9 de marzo de 2019

la realidad ideal de la idealista realidad

Sueños, dejá-vus, imaginación. ¿Realidad? Es curioso que la realidad, que tan distante se le puede sentir del plano ideal, casi onírico, sea fuertemente conformado por estos tres elementos que sé se pueden resumir en una sola categoría que no la tengo clara. Solo para que quede claro los repito: sueños, dejávus, imaginación. Y es que cuando es tan fuerte la presencia de alguno de estos elementos, cualquiera de estos, no hace falta que sean los tres en simultáneo, la realidad se tambalea, se duda sobre la realidad, se cree que es demasiado como para ser cierta, pero si esa sensación realmente vale la pena entonces yo no me detendré a pensar en serio sobre la naturaleza de lo que pasa. Es mejor asumirla. Si es que es gratificante, pues sentiré placer. Si es que es agonizante, pues sentiré desesperación. Siempre en su estado más puro dentro de lo humanamente comprensible. Son estos sueños, las fantasías las que permiten que la realidad siga en pie, que la realidad pueda seguir pretendiendo que se aísla de lo ideal.

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Ella estaba acostada en su cama, de lado, con la mirada perdida en algún punto entre la cómoda y el ropero del fondo. Hacía un clima templado, solo con tener la ventana abierta bastaba para que el aire entrara gentilmente refrescando la habitación. Con una musculosa y un short, ambos de color celeste pero en diferentes tonalidades, ella lograba que se haga poco contraste con el color de si piel clara, no lo suficiente como para perderse en las sabanas de un naranja ya gastado que si mal no recuerda ella las tenía desde que cumplió los cinco años de edad. Casi por el tiempo en el que se mudaron de casa, fue una mudanza que se podría llegar a creer que tuvo su propia personalidad, una despiadada a todo esto, una a la que poco le podía importar la dificultad de volver a crear lazos sociales cálidos una vez más, con la condición importante de que ya no se tienen fuerzas para decir hola a nadie más que se cruce frente a ti y te sonría amablemente cuando no tienes a nadie a quien llamar a las siete de la tarde.
Gira su cuerpo sin intención para ver el otro lado del cuarto, la otra pared, se ve un mini estante donde ella mantiene sus bienes de entretenimiento, su pequeño Netflix de todo, piensa ella fugazmente, aunque sabe bien que no está pagando ninguna mensualidad para tener lo que ya tiene, a menos que los hubiera adquirido hace poco con una tarjeta de crédito, o se lo haya comprado a algún amigo a plazos porque ya no lo quería pero no necesitaba el dinero co urgencia tampoco. Tiene un Netflixero muy pequeño en comparación a lo que ella quisiera tener, una idea de querer tener que funciona por comparar los netflixeros de otras personas, tanto en la realidad como lo que ha visto en papel y pantalla.
Hace un ruido al principio con una intención de hacer notar a quien sea que le pueda escuchar por ahí cerca que ella sigue viva, casi como un grito, pero cuando sale es demasiada la flojera que ha acumulado por estar en la cama que su grito se ahoga rápidamente pero gana un poco de intensidad solo para botar todo el aíra que tiene dentro de sus pulmones, es ligeramente prolongado. Con este sonido de parecer agónico logra volver en sí misma un poco para cerrar su grito de notoriedad con un gemido que le hace memoria de cuantos días lleva sin tocarse. En realidad no son días pero siento podría ser un buen momento si lo hago ahora, o tal vez en otro momento, ya he pasado en la cama y no lo he hecho, no quiero pasar más tiempo en esta solo por dedearme, además. Le surgieron unas ganas curiosas de verse en el espejo del baño de visitas, a pesar de que tenía su propio baño personal.
Al salir al pasillo alcanza a ver la pecera de esfera con los dos pecesitos azules y negros iluminados por la lámpara del alumbrado público que queda justo al frente de la ventana de la sala
...
Los tambores parecieran sonar al ritmo que los juegos pirotécnicos suenan en el cielo negro. Ya va quedando la Nuba de azufre que toma un color rojizo por el sol que se está aproximando. Personas sentadas en bancas en un estado de alegría  provocada por una sensación similar a la que se tiene cuando te quedas mucho tiempo escuchando una canción que te agrada que eres capas de escucharle varias veces en media hora si que te incomoda y cuando se deja de escuchar uno sigue en el plano de esa canción creyendo que en efecto la vida sí puede llegar a ser una película a pesar de todo. Esa misma sensación que se ve en ellos a través de su mirada la tengo yo en mi mirada cuando veo los pedazos de basura que han quedado de un día tan largo
All of what is going to be told now happened in a night when three video games were played on a personal smartphone and an episode of South Park was seen. It is not recommended to do so.

Not really being sleepy enough to have one's eyes closed, yet lazy enough to not move to much when wanting to jerk off, and as for that, staying in one of the most weird limbos there has ever been experienced by a human being, only the oneiric heat of the bed spreading into the rooms airspace. My whole body now was covered by an untouchable mantle that separates me from the outer, real world.

Already with my left hand in my wee I started to fall asleep without having conscious or logic dreams. I couldn't dream of anything sexual.

Mouths being opened, closed, showing its teeth and tongue make me understand people art talking, but I can't understand then per se. Narrow streets made out of carton, people of paper, faces of cubes, of triangles.

My hand is still in me wiener but I've lost most of my sensory capacity, I don't feel it. I move my hand and press a bit to see if it's still there. It is, not so hard but still standing, which amazes me considering how dreamy I already was, and by the fact that I could have sworn plenty of minutes passed already, I must have to been amazed.
Regreso a ver a la parte de abajo del puente desde donde estoy sentado en un parque cercano, el sol ilumina como lo hace en verano pero sin ser tan hostil y forzar el uso de protector solar. De todas formas lo debería usar. La sombra del puente se ve gentil, combina con el agua que pasa por debajo, tanto de la sombra como del puente. Un viento ligero hace que mi consciencia tome 13 años en un cuerpo al que solo le quedan cuatro años para cumplir un cuarto de siglo. Al ver la orilla del frente se superponen casas simples y agradables con edificios altos y asombrosos. Se confunden bicicletas, rollers y patinetas con Audis, Paganis y Lexus. De cualquier manera el ruido no molesto de las ruedas pasando por la calle que tengo atrás mío se mantiene sin importar lo que esté intentando ver del otro lado Del Río.

Cierro mis ojos para poner mi cabeza apuntando al cielo, pretendiendo que veo dragones naranjas y morados en un cielo de un celeste profundo que se acerca bastante al rojo de un jean que vi hace unas pocas horas vestir a una chica de chaqueta amarilla y polera verde. Los dragones van jugando al son de la música de una casa cercana que se va metiendo cada vez más en mi mente al tener mis ojos internos fijados en la danza de la pareja de dragones, una danza en la que no quieren toparse, solo quieren sentirse, quieren tocar una gaita con el viento que generan juntos al pasar cerca de sí. Sus escamas de flores, de ramas, se van sacando, dejando una lluvia ligera de pétalos y trocitos de eucalipto perfumando así todo el río. Aun con los ojos cerrados veo a lo que no se entiende si es pueblo o ciudad para dar paso a un escenario gigante de piso de roble barnizado.
Con una lámpara en el techo que prende a una bombilla de luz cálida mi cuarto todo se ilumina. Mi cama tendida me sostiene a mí y a mi computadora que sirve como estereotípica, no se le hace caso a la radio estéreo don bajos dedicados que tengo en el mueble de al lado. Desnudo de la cintura para abajo tengo mi celular en mi mano mientras veo un vídeo que encontré en Xvideos que me llamó la atención por su título de tendencia incéstica. La canción de The Moth & The Flame que suena en los parlantes de la MacBook me ambientan a un videojuego en el que la protagonista no es una chica semimarginal con talento para la fotografía quien puede retroceder en el tiempo, el protagonista soy yo, un chico con la manía gustosa de imaginarse todo cuanto viva como si fuera parte de una película juvenil alegre creada por productores de 30 años de edad. Al ver como el hombre del vídeo hace una llave sexual a la chica, la típica de los vídeos porno en donde la mujer tiene las piernas levantadas, llevadas hacia sí misma y atrapada por los brazos del hombre que le sujeta tanto los brazos como su cabeza, en posición vulnerable. No logro sentir la vulnerabilidad placentera que sufre la chica quien gime entrecortadamente al tener dentro de ella misma ese pene grueso y largo, digno de un vídeo porno gratuito. Me jalo y recubro mi pene con mi mano extasiado por la canción desentonan con el vídeo rudo. La sensación de tranquilidad que llevo desde hace dos o tres días se afianza. Cuando logro eyacular no pienso realmente en la bella chica acorralada, ni en el dominante y poderoso chico que está debajo de ella, pienso en la canción que acompaña a la toma de mí en contrapicada a una altura mayor de la que el techo lo permitiría.