miércoles, 7 de diciembre de 2016

Balcón de frente

Era ya época de viento, donde la gente se enferma, le agarra la tos y se resfría, los más débiles (si es que se puede decir así) contraen la gripe y bueno, alguno que otro una enfermedad mas grave. Por esta mera razón es mejor quedarse en casa, o estar en lugares que te den calor y confort, donde haya gente. Si me detengo un momento en este último, donde hay calor y confort me encontraría con algún lugar apacible pues el confort debe de estar presente. Una librería, un café, un estudio, una oficina serían lugares idóneos, claro que en casi todos esos lugares radican obligaciones, que uno mismo permite tener, si se está en una librería crees tener la obligación de chequear que tipos de libros hay, acercarte a alguien que te pueda ayudar y pretender que estás interesado en algún tipo de libro o género, podrías lanzar algún autor de renombre o alguno poco conocido para que el tema de conversación no se acabe y puedas estar más tiempo en esa zona de calor y comfort; en el café deberías (incluso) pedir algo para tomar o para comer, de esa manera hasta te podrían dar internet gratis y realzar tu comodidad, internet y una taza de mochaccino caliente, ¿qué más desearías?; en el estudio estarías en un entorno donde siempre te sentirás a gusto pues encuentras aquello que te gusta y las herramientas para poder efectuarlo, si es un buen estudio, no te haría falta salir de él incluso para dormir o comer; la oficina es aquél lugar donde tienes aquella gente con la que siempre te vez y conoces bien, donde el calor humano toma presencia y existe un murmullo relajado acompañado de un tecleo a ratos intermitente.

Claro, está el hogar, seguramente el lugar más cómodo de todos, donde nosotros ya estamos acostumbrados hasta a los más mínimos y máximos defectos y desperfectos que tenga el lugar, ya le conocemos tan bien que verle diferente sería una movida de jenga en nuestra base de tranquilidad. Curiosamente es el hogar también el lugar donde nosotros mismos decidimos acarrear todo lo que nosotros hemos de hacer, nos guste o no, y a lo que quiero llegar es que es extremadamente común traer lo no deseado a nuestra puerta, a la escalera, a la mesa del desayuno, al baño, al escritorio y hasta nuestra misma cama, el lugar más sagrado tal vez en lo que respecta a comfort.

¿Qué sería que ocurriría si decidimos traer a una víctima para que pase por todos esos lugares pero al final del día se vaya en una bolsa negra que a nadie le importara si no luego de mucho tiempo?¿Será que en efecto alguien se dará cuenta? Claro que sí, pero ¿Nos hará sentir mejor? Creo debería replantear la pregunta ¿Me hará sentir mejor? Cada pausa que me tomo para pensarlo tomo una postura más decidida...sí, me sería útil, me haría sentir bien, me haría recordar que yo tengo el control de las cosas en mi hogar, en todo aquello que considero sagrado. Me rehuso a mirarle de frente, solo lo hago de reojo pero lo hago con rencor, creo debería de tomar lo más punzante que tenga cerca mío y crear un Picasso de sangre. Sí, he de hacer eso, he de librarme de una vez por todas de esta invasión de malestar que abunda en todos mis lugares de comodidad sagrada, tal cual pensaba ya hace 8 años, de la misma manera, he de seleccionar ese objeto cortopunzante y aprender de él, crear de él un confort en mí, pero...¿si hago eso estaría alterando mi cuadro de confort?¿es correcto modificar mi cuadro ya perfecto para llegar a un punto del que no podré volver?

Vaya...debería de aprender a ocupar un objeto cortopunzante