viernes, 3 de marzo de 2017

Escalera (1ra parte)

Cuando bajo del vagón espero que esta vez sea diferente.

Luego de treinta y cuatro minutos envuelto por un calor humano agradable que hacía frente a la nieve que había afuera salgo de ese sistema fluvial de metal llamado subterráneo. Con las manos en los bolsillos para intentar mantener aquél calor agradable intento llegar a las escaleras que me traerán de vuelta a la superficie, para eso he de escabullirme entre la multitud que van contra mí así como entre quienes pasan frente a mí. Yendo para adelante, un poco para atrás y a veces deteniéndome. Escucho la tonada de una armónica acompañada de una voz que exclama "Oh, baby. I swear you won't regret what's about to happen between us. I swear you'll never see me the same way", sólo escucho, no veo...prefiero no ver. Aunque sí veo como una pareja se grita con furia al separar sus caminos luego de haber pasado cada uno sus tarjetas del subterráneo y mientras les veo camino con más prisa esquivando aquellas personas que alcanzo a ver por el rabillo del ojo, sé que estoy tarde si es que quiero hacer lo que deseo hacer para que esta vez sea diferente.

Logro salir a la superficie y empiezo a habituarme nuevamente al bullicio y al frío. Veo al frente y observo como la gente que sale del café es completamente indiferente con aquella que está mendigando en el callejón que queda al lado, un callejón donde cada vez hay menos gente según pasan los días. Una mujer de cabello castaño oscuro, con una gorra de punto beige, caros lentes rojos, saco negro largo de aspecto bastante sólido, bufanda de color grisáceo y botas de un color que parece morado aunque mucho más oscuro, sale del callejón dando la última inhalada a su cigarrillo y lo bota, sigue su camino en línea recta atravesando la calle. Me aproximo al callejón todavía con la mirada en esa mujer, giro mi cabeza a la derecha para ver quién está en el callejón y quién no. Las heladas parecen haber congelado anoche a un mendigo envuelto en cobijas y sábanas, pero al fondo se ve una mujer sonriendo torpemente, apoyada en la pared, cerca de la puerta de atrás que tiene el café, se le vé con los ojos hacia arriba, con el pantalón abajo y parte de la prenda superior exhibiendo su seno izquierdo, se ve como su vulva sigue mojando partes de su pantalón a chorros un poco débiles.

Compro un periódico de fondos públicos en el kiosco que queda a unos nueve pasos del callejón, atraído por el titular que dice "Marcha exitosa, más días de paternidad.". No tengo la costumbre de leer mientras camino así que lo sujeto entre mi brazo izquierdo y mi cuerpo para así poder mantener el calor de mi mano.

Entro a mi edificio de típico aspecto art deco dando un suspiro un tanto ruidoso. Veo a mi alrededor como si fuera la primera vez que entro, no sé si para saber si todo está en orden o para acordarme a mí mismo que ya no estoy en la calle y dentro de poco mi tiempo será convertido en dinero. Limpio ligeramente mis zapatillas, lo suficiente como para no dejar tanta agua en el suelo y evitar que alguien se resbale. Me dirijo a la izquierda para poder tomar el ascensor, está con gente adentro esperando a que llegue alguien más, por las dudas, pero pasan dos segundos y la puerta se empieza a cerrar. Acelero el paso casi trotando para intentar alcanzar, entre eso le veo a ella, igual se dirige hacia el ascensor. Una mujer con cabello humano, rostro humano, postura humana y voz humana que insulta al aire por no haber alcanzado.

-¡La puta que lo parió!¿¡No puede haber otro ascensor más con tremendo lujo que hay acá!?- gritó la mujer.
-Bueno, pasado unos minutos ya se nos pasa esta bronca, por eso nunca escribimos esa propuesta- replico yo mirando como cambia del 1 al 2 el tablero que está arriba.
-Además de esto, eso es lo que odio, que terminamos callándonos, como si nada- me dice ella todavía enojada pero sin levantar la voz.
-¿A qué piso vas?-le pregunto.
-Qué, ¿me vas a acompañar?- responde ella con tono de burla o gracia, no estoy seguro.
-No, sólo quiero ver si te queda muy lejos si vamos por las escaleras.-digo yo de manera desafiante.
-4to piso...mejor moverme en vez de esperar acá minutos.-dice ella, aceptando mi propuesta.

Nos dirigimos a las escaleras que quedan detrás de la puerta  negra de metal, casi  aislada a la derecha del ascensor. Al tocar el picaporte siento  algo de polvo que hace que el frío del hierro pase a segundo plano para preguntarme "¿hace cuánto habrán ocupado esta puerta? el servicio de mantenimiento tiene su propio ascensor así que esto ha de ser un desierto".

Dejo pasar a la mujer y al cerrar la puerta todo el ruido se va, no se escucha nada del mundo  que está fuera de las escaleras y sólo alcanzo a oír la respiración de mi acompañante que se entrecorta en un suspiro por el frío, seguramente. Escucho como mi ropa hace un ruido de frote cuando regreso mi brazo derecho de la puerta hacia mi bolsillo nuevamente. Ella decide dar el primer paso, un paso que hace eco al igual que los pocos que le siguen para llegar al primer escalón. Presto atención al eco y  digo: "Parece que estamos en la caja de una guitarra" en voz muy baja para que la reverberación no haga de las suyas quitando la tranquilidad que hay en el lugar. No dice nada, solo sigue subiendo las escaleras hasta llegar al primer descanso, yo tengo mi mirada entre su silueta trasera y algunos peldaños para no caerme. Su silueta se me hace familiar, como una que vi en mi época de juventud ciega.

Está todo calustrofóbico, con luces blancas que realzan el color del concreto o cemento, alguno de esos materiales. Había leído ya hace un tiempo que la mayoría de edificios no tienen escaleras aptas para evacuación en caso de algún imprevisto o emergencia y que por la cantidad de gente que bajaría por ellas sólo alcanzarían a salvarse quienes hallan salido de las escaleras en los primeros 16 minutos, que es bastante tiempo, pero más es la gente.

-¿Cómo te llamas?- pregunta sin regresar a ver.
-...- me tengo que volver a conectar con el lugar en el que estoy -me apellido Leiron-.
-Laura, encantada- al terminar la última sílaba se detiene en un descanso donde la luz no ilumina con intensidad. -Me traes memorias de alguien...-
-¿Eso es bueno o malo?- pregunto deteniéndome frente a ella.

El silencio vuelve a reinar y se escuchan solo lo que quedó del eco de mi última pisada junto a un "o" que demora en irse.

Me mira fijamente con ojos verde-cafés, que dejan verse entre sus cabellos blancos que cubren parte de su piel morena. Sus labios no dicen nada, pero del semblante de seriedad que tienen pasan lentamente a hacer una mueca de sonrisa traviesa sin mostrar los dientes mientras se acerca a pasos lentos hacia mí. Mis manos empiezan a sudar, las saco al aire, se me cae el periódico. Inspiro profundamente pero sin hacer mucho ruido, no quiero que se dé cuenta, pero sí se da cuenta del paso corto que doy hacia atrás. Sus párpados inferiores se levantan por su sonrisa que está más caprichosa que antes, me toma de los brazos y me hace contra la pared , se me acerca tanto que huelo la mezcla de tabaco y Dior que tiene su piel.

Pone su boca cerca de  mi oído izquierdo, la abre, suspira, se detiene, susurra:

-Inmejorable-
...