viernes, 16 de junio de 2017

El grito silenciado

Despierto y tomo las cosas con calma, sé que no hay necesidad de apurarse pues no hay nada por lo que tenga que apurarme. Me levanto un poco a regañadientes, claro, pero no es significativo, no me lío cuando desayuno ni cuando me levanto de la mesa ni al volver a la cama para procastinar un poco más.

No hay nada por lo que tenga que apurarme así que procastino con algo de delicadeza, viendo como el poniente se contrapone al oriente para luego pasar a historias rápidas que no logro comprender las que son acompañadas con música urbana reflexiva. Había esperado que esas historias fueran como la que había visto ayer que trataba sobre un chico delincuente que había encontrado al amor de su vida a quien no le había visto hace bastante tiempo, tanto tiempo que no se percató que le robó a ella misma, no es si no luego de un conflicto mental y social que se da cuenta de lo hecho, emprendiendo la búsqueda de aquella persona que él quería ver otra vez.

Mejor os dejo el vídeo.

Mi posición de no apurarme hace que le quite prioridad a eventos y conceptos a los que tenía que darle importancia, cuidar de ellos. Salgo de mi hogar cedado por la tranquilidad, una no sana, una que está al borde del desgano pero que aún así permite salir.

Decido que esta vez me daré tiempo a mí, aunque no estoy seguro para qué ni cómo lo haré valeroso...de todas formas lo hago. En una corriente azul que no me importó ver de qué tipo era me lanzo, dejandome llevar por la misma, yendo y viendo los paisajes familiares aunque catastróficos que se aprecian al ir en esa corriente por la que nunca había ido. Esta corriente se pone cada vez más ruidosa, llevando más piedras con su fuerza y haciendo aún más ruido a medida que avanza.

La paz interior, o indiferencia, o tranquilidad, o estado de relajación o lo que sea que haya tenido se esfuma, transformándose en un estado de desesperación en el que se desea perderse aún sabiendo lo complicado que sería empezar de nuevo, un estado en el que la quinta dimensión se hace presente sientiendo que mi alma grita, golpea, corre e incluso muere.

Mi alma grita pero el río no deja que mi voz sea escuchada. Ni el río ni las piedras ni mi supuesta tranquilidad.


A pesar que el grito no se hizo escuchar, deja ir consigo gran parte de una carga de origen desconocido.