jueves, 8 de junio de 2017

Una montaña rusa con demasiadas partes planas

Comúnmente es dicho que la vida lo lleva a uno por altibajos, tal cual montaña rusa, y claro, como hay altibajos, también deben de haber partes planas, en las que no se sienta incertidumbre de lo que pueda estar del otro lado de la cima ni de una sensación de estar esperando para que la caída se acabe y el viento deje de golpear en la cara. No sé si precisamente la idea de esta montaña rusa sea ir lo más arriba posible puesto uno estaría con más incógnitas de manera más recurrente (situación que en efecto pasa a la mayoría de la gente), habiendo esos momentos en los que se tiende a mirar qué solíamos ser y añorar un poco aquellas alturas pero con el coste de dejar de tener tantas incógnitas y aferrándonos solo a hechos factibles, queriendo poner los pies en tierra, de alguna forma rechazando lo nuevo que pueda venir que hasta que no vayamos en una planicie no sabremos si es algo positivo, o por el contrario, negativo.

No puedo asegurar que en el pasado haya pasado lo mismo, aunque quiera creer que es así. Los humanos solemos estar condicionados a ser competitivos tanto con nosotros mismos así como con los demás, buscando la superación, la mayor posesión de bienes, más conocimiento, más reconocimiento o lo que sea que esa persona tenga en mente. Las montañas rusas de ahora están siendo notablemente construidas casi de manera hegemónica con las rieles hacia arriba, dejando poca cabida a las bajadas y las planicies. Pero...¿qué pasa si uno se estanca en planicies?¿si de alguna forma se descubriera como construir una montaña rusa propia pero con el precio de no tener mayor asesoría de como hacerlo?¿que al intentar hacer uno mismo esa montaña rusa uno se termine quedando resagado de uno mismo?

Si hay dos cosas que nos definen como humanos, aún así hayan varias personas que lo quieran rechazar con argumentos que por momentos parecen bastante válidos, es el hecho de ser una especie social y tener la capacidad de sentir con un abanico de matices que ni la psicología ni la filosofía ni la religión son capaces de comprender por lo menos la mitad. Y es que todo se maneja en dosis hormonales, químicamente hablando, en las que cierta cantidad de endorfina en el cuerpo, junto a determinada cantidad de dopamina puede generar esta emoción pero también aquella que es su némesis. No hay persona que pueda vivir todas esas emociones pues, obviamente, cada una tiene vivencias diferentes en entornos diferentes con gente diferente, e incluso cuando estos elementos son los mismo hay algo que varía dentro de la cabeza de la persona que hace que no exista precisamente una similitud entre lo que ha llegado a sentir la primera persona en comparación con la segunda.

Como es sabido, cualquier extremo es perjudicial. Así que en caso que la analogía de la montaña rusa no se haya entendido como yo desearía que sea entendida lo propondré de la siguiente manera.
Tendencia fuerte hacia arriba: optimismo ciego
Tendencia fuerte a las planicies: robot
Tendencia fuerte a las bajadas: pesimista depresivo

Como se mencionó anteriormente, lo que nos hace humanos son el hecho de ser seres sociales y el hecho de tener varios tipos de sentimientos. Sé que existen momentos en los que desearíamos que algo no hubiera pasado, o que tal persona no existiera; situaciones que se basan inevitablemente (como en casi todo, supongo) en las emociones, y a raíz de esas situaciones solemos, como individuos, pensar que sería mejor no tener tantas emociones. Pero es que entonces no se podría apreciar en su máximo esplendor cada una de las diferentes alturas en las que hemos de ir en esa montaña rusa, que no importa mucho si te la dan construyendo o la haces por tu propia cuenta.

El mensaje final que quiero dejar es: no busquen siempre la tranquilidad, puede llevar a muchas planicies.