lunes, 18 de junio de 2018

Downhill

Me dejo llevar por la bicicleta en la cuesta yendo hacía abajo, dejo que lo fresco del viento se junte con el calor del sol y al cerrar los ojos me dedico a escuchar como ese mismo viento que me enfría hace un ruido relajante al pasar cerca de mis orejas en las que sonaba Warning Sign de Coldplay pero los audífonos se soltaron, dejando que la canción siga sonando solo por mi memoria. Al cerrar los ojos lo que veo es solo un tono rojizo que lo cubre todo. 

No sé si en el camino hacia abajo habrá alguna persona o si habrán vehículos transitando, o si habrá alguna curva, es primera vez que estoy acá y no me acuerdo como llegué a esta cuesta.

Al hacerme un poco más atrás y estirar mis brazos hacia los lados escucho por unos tres segundos más o menos como un grupo de niños ríe y grita, les imagino usando nubes o patinetas voladoras para moverse rápido y evitar que les lleguen bombas de agua. Esos tres segundos se sienten como minutos al traerme recuerdos agradables de cuando yo tenía la edad que creo ellos han de tener. Dejo escapar una sonrisa. Sigo con los ojos cerrados. De lo relajado empiezo a hacerme a la derecha así que decido ir junto a la bici hacia la derecha para luego poder guiarle otra vez hacia la izquierda y enderezarle. 

Escucho bocinas sonar a lo lejos por adelante mío y otra a lo cerca por detrás mío a la derecha. Por alguna razón mi estado de éxtasis hace que esas bocinas se transformen en gritos de ovación, como si estuviera en una actividad de los juegos olímpicos y hubiera recibido una medalla de oro.

Al abrir los ojos veo en el cielo mi medalla de oro, y es tan brillante, tan grande, de tanto esplendor en pocos segundos solo veo oscuridad.