miércoles, 9 de enero de 2019

a possible dessert headache

Un Volkswagen Käfer que va a más de 170 kilómetros por hora, una mosca que a pesar de la velocidad sigue jodiendo y cuando se abre la ventana sale volando, se marea, siente que va a morir, no pasa nada, solo es el cambio de velocidad.

El Käfer sigue yendo a velocidad alta, pareciera que es trasero que se mueve a la velocidad de una cowgirl, un trasero que se mueve por sí solo y sin la necesidad de motivación de otro trasera, ni de senos, ni de bolas, ni de penes ni de vulvas, se mueve por sí sólo y porque sí, porque a pesar de no tener cerebro, ese trasero de Käfer cree que es mejor hacer las osas por uno mismo antes que motivarse por los demás y que los demás te den placer.

Obvio que dentro de un trasero también hay gente, en especial un argentino, o alguien que pretende serlo al escuchar electrotango, pero a este tipo no le importa conducir, no le importa nada conducir, solo va sentado porque ser robó al tecnología de un Tesla. Va hablando con la pareja que tanto odia,  o al menos imagina la conversación, su parte es en voz alta, la de su pareja queda solo en su cabeza, y cada frase más que es dicha pareciera por momentos ser real, tanto que a veces se intimida a sí mismo y tiene que mirar a los pocos alrededores del Käfer para asegurarse que no está ahí ella ni nadie que le pueda decir a ella todo lo que él está diciendo.

Ese Käfer pasa cerca de un cañón, y en uno de los bordes de ese cañón hay una piedra, esa piedra había sido dejada ahí por un viajero errante que no tenía cosa más divertida que mover piedras para que la gente creyera que estas se muevan solas, a lo que el Käfer está pasando cerca del cañón el supuesto argentino toma el volante y grita ¡Cambiá la música, forra hija de puta!, a lo que él cree que su pareja le va a pegar, aunque ella, insisto, no está ahí, se asusta y mueve todo su cuerpo, incluyendo el volante, cuando quita su mano derecha del manubrio para ponérsela frente a su cara, también presiona el pedal del freno, así que se va hacia adelante, presionando el voto de piloto inteligente y desactivando ese modo. El auto ahora está a completa disposición de él, y de la física, claro está, o por lo menos parte de ella.

Su Café (me refiero al puto Käfer) se da la vuelta en su lado derecho, gira rápido, va dando varias vueltas en campana, se acerca al cañón, el tipo no grita, solo llora en llanto.

El Cafeína se detiene al borde del cañón tal como en película, y en sus cuatro patas, digo llantas, el tipo sigue en llanto, pero ahora sollozando, dice que todavía le ama. Todavía te amo, no me dejes. Se baja del VW y el aire le refresca la mente.

El viento hace que vire su mirada de manera que no le entre arena a los ojos, su vista se desvía justo a la piedra. La única piedra que hay en todo el paisaje. Pero él no la distingue como piedra, la de la impresión de ser un cadáver con ropa kaki.

Él grita un sonido de dinero en caja registradora para llamar la atención del cadáver color kaki, no le hace caso así que se acerca más...a, sí, el cadáver está del otro lado del cañón, no de su lado. Se encuentra en trance, cree que el universo del desierto le está dando un mensaje. Se acerca al cadáver kaki para poder asistirle, o por lo menos para saber qué es. Cuestión de tres pasos antes de que pise en el vacío y caiga. Rápida. Splash. Kaput. Muerto.

Una cajetilla de tabaco está en su cabaña, viendo carreras de Nascar en alemán. Por el calor está tomando un té frío, un poco de leche para que no se sienta tan extraño el desayuno de este tipejo, o como es cajetilla, femenino, esta tipeja. A fin de cuentas que no le importa su género a la cajetilla, porqué habría de importarle, piensa mientras se le está describiendo, y empieza a cuestionar su propia existencia mientras un auto en la pantalla se da la vuelta, tiene un accidente, se vuelca en su derecha al girar bruscamente sin sentido. Le llamaría la atención esto si es que no hubiera sido por la mosca que entró a su cabaña y quiso volar cerca de su vaso de té frío con leche, por torpe la cajetilla quiso ahuyentar a la mosca con la misma mano en la que tenía el vaso, y sin soltar el vaso, así que riega casi la mitad de toda esa refrescante bebida. La mosca se sale con la suya y vuela hacia el techo.
La cajetilla enojada, quema uno de sus tabacos ya quemados hasta su primer cuarto. Va hacia la cocina para buscar el trapo, pero no está segura si sigue ahí o si lo dejó afuera. Tomando una toalla se seca lo que se mojó en la mano, lo de la ropa no importa, total no va a salir a ningún lugar. Se acerca a la ventana y ve en el porche (no sabe si llamarle así a la parte delantera de una cabaña, usualmente lo asoció con casas de campo, no con cabañas metidas en medio del desierto) ve en el porche el trapo, la mopa, para tener una idea más clara, el trapeador, esa palabra buscaba, la cajetilla y yo. Se le baja la ira y sale al porche para agarrar el trapeado, cuando levanta la vista ve a lo lejos el Käfer, bastante destrozado, y más cerca que el Käfer ve la piedra.

Tengo que seguir moviendo la piedra, esas cosas no se mueven solas...qué digo, ¡se mueven solas!

Entró a la cabaña de nuevo, toma su sombrero de ala ancha y se dirige a la piedra, el auto no importa.

Le palpita la cabeza que no tiene, supone que por el calor, debió sacar el turbante en vez del sombrero de ala ancha. A medida que se acerca a la piedra siente un olor a té con leche, es la bebida en su ropa que se está evaporando. Ese olor le va quitando el palpitar extraño de su cabeza, pero igual recuerda cómo fue toda esa escena ridícula de intento de ahuyento a la mosca. No sabe cuanto tiempo pasó pensando en eso pero ya ha llegado a la piedra.

La cajetilla alcanza a ver el cadáver en una parte del cañón, no en el fondo, simplemente una parte del cañón, en la pared, una de esas como protuberancias que tienen las paredes de cañón. Salida me parece que son.

Le pesa la cabeza. Solo se quiere echar.

Cae rápidamente luego de acercarse al vacío. No hay dolor, obviamente no habrá dolor si es una puta piedra. Por suerte la piedra no obedece a la física y llegó al otro extremo del cañón, aplastando así al cadáver, la sangre tampoco obedeció a la física y no se desparramó por el suelo. No hay rastro alguno del cadáver, ahora hay solo una piedra. El olor sigue ahí, seguro, así que la cajetilla piensa. Hay un cadáver color kaki en el cañón. Vuelve a su cabaña. Piensa o se pregunta que habrá sido todo ese grito que había en la tele cuando estaba intentando ahuyentar a la mosca, y de nuevo no sabe cuanto tiempo pasó pensando en eso que llegó al VW Käfer del otro lado, pero ahora no está roto, está como nuevo, hasta sin polvo de desierto. Al entrar en el auto, que por cierto, está bastante fresco, el cañón se vuelve una carretera.

Acelera titubeantemente por la recién aparecida carretera.

La mosca en la cabaña se ha tomado todo el té frío con leche, le da un brainfreeze pero sigue tomando hasta volverse una cucaracha del tamaño de una persona, pero se para como un humano, no como una cucaracha, y le ha salido un pantalón de tela, una camisa y una corbata roja que está suelta.

El Nascar sigue pero la pantalla se cambia a Bloomberg.

Las acciones de Lucky Strike han caído. Raid se declara en quiebra.

Ya es de noche, mejor apagar la tele.

Hoy fue un día y mañana no sé.