sábado, 9 de marzo de 2019

Cuando me parece ver un teclado de portátil al frente mío en esa pared de madera cubierta por los olores de una pintura es cuando caigo en cuenta de la presencia de la sombra de tu mano, separada de tu cuerpo pareciera ser. Aunque lo que dices y no entiendo va de acuerdo a los movimientos que haces con tu mano, la sombra pareciera tener vida propia, algún tipo de esencia superior a la tuya y a la de la persona que tienes al frente tuyo. Será porque me das la espalda, veo tu sombra y escucho tu voz, no pudiendo engañarme como sí lo haces a tu compañero, creo es demasiado llamarle compañero, hasta podría ser tu novio, yo no lo sé, no pretendo saberlo, la persona que te acompaña simplemente, a quien mientes.

Tu sombra es un reflejo de lo que es en realidad tu cuerpo, tu voz escuchada desde atrás, sin la decoración de tus labios y tus ojos hace que pueda sentir como eres en realidad. Como no tiene sentido que cuando estás sola y regreso a verte se alcanza a ver la pantalla de tu celular con bastante claridad. Te preguntaría...no. Te diría que si no quieres que un extraño veas lo que haces entonces encárale, ponte de frente, porque así le podrás mentir mejor, disuadir mejor, pero lo más importante es que no le vas a dejar ver la pantalla de tu celular y como vas pasando idioteces de tu línea de tiempo de facebook, si es que eso es lo que estás haciendo, solo alcancé a ver que tenías la pantalla de tu celular a una vista fácil mía.

Intentando perderme en la historia del libro que leo escucho como el hombre que te acompaña alza la voz -¿porque quiere que le oiga o porque quiere hacerse notar no solamente por ti sino a los demás?- hablando sobre la injusticia de las nacionalidades, o como estas importan poco y todos se rigen por necedades generales. O algo parecido. Yo solo les quiero dejar de escuchar haciendo que la cerveza no solo sé quede en mi estómago, hígado y garganta, sino que también pueda subir a mis oídos para dejarme sordo, reducir mi burbuja sensorial ocasionalmente interrumpida por los colegas de compromiso que uno adquiere cuando se entra a un local de bebidas o comidas, e me refiero a los tipos que te preguntan si quieres gastar más dinero, o que te hacen sentir más cómodo dejándote un sack por cortesía de la casa. En realidad es bueno que existan estos colegas pagos. Ojalá existieran también en el mundo social delicado de la comercializad local, ósea, que no sean exclusivos de servicios colaterales, atención o sexo. Que existan y puedan ser comprados por el mero deseo de querer tener uno para sí mismo.

Pensaba moverme de asiento a uno que no me hiciera parecer tan aislado, pero estando acompañado falsamente de un libro y cuatro caras, teniendo algunas más ojos, más bocas e incluso más caras que la cantidad de cuadros que se alcanzaba a ver, no me invitaba a moverme.
Por atrás escuchaba como a la mujer a quien había visto al entrar luego de haberme dado una vuelta de niño que recién entra a una fiesta de adolescentes, alargando el trayecto para tomar el asiento que tenía pensado. No sería justo, debo decir, que esto lo hico con total intención, sino que estaba en busca de alguien, una persona, otra mujer, no la misma que estaba sentada en la barra. Por atrás lograba escucharte decir que eras de Florida, diciéndolo con un tono tal que parecía que no podía ser más obvio, como si te ofendiera que se te hiciera esa pregunta, no fue en el mismo tiempo, pero sí en la misma situación en la que cuando dijiste Florida me acordé de Andrew Cunnanan, de su baile en un traje de cuero sintético rojo, o cuero plástico, moviendo sus brazos de un lado a otro en el aire mientras daba la ilusión de que movía su cadera. Entonces entendí lo que era Florida. Lo entendí mal, lo sé, pero no me importaba mucho.
Ya tenía el libro cerrado cuando una colega paga ruta y de un delineado de mi gusto me dijo que había una persona que, era a quien había esperado, a quien no vi apenas había llegado yo, pero a qué sí había visto cuando estaba alistando su mesa. Ella era no solo una colega sino una persona que ofrecía su compañía, sus palabras, su creatividad, su ocio, su ser social a quien sea que quiera aceptarlo, no de una manera tan despreocupada como si de una puta se tratase, y si lo hubiera sido no importaba. Fue. Es ella quien me anima la tarde, la noche, y por ende todo el día.

No escribiré sobre ella pues quedamos que cuando una persona se siente bien no puede escribir, que no existe un artista conforme, escritor conforme con su situación pues si los hubieran, su escritura sería como leer estados de facebook en el 2010.

Fue una pena despedirse pero se entendía que querías tu espacio, tiempo, compañía con la persona de tu elección, y no con alguien a quien reci´ consiste "de la nada".

Estoy en un bus luego de haberme confundido de punto cardinal, disimulando mi confusión con un descanso en una banca de dos pisos, sí, de dos pisos, porque otra forma de llamarle sería errónea.

En el bus, no tan apretado como yo esperaría, te veo al frente mío, no delante mío pero sí en ese espacio que yo considero como frente mío. Estoy seguro de haberte visto verme primero, cuando te sorprendí desviaste la vista moviendo toda tu cabeza, por las doudas, par dejar en más claro que estabas nerviosa, que no querías que te haya visto con tus ojos clavados en mí, me pregunto porqué...me pregunto un poco, no micho, me da risa, fue historia, que nos hayamos visto tanto tiempo a los ojos directamente, que mi corazón se haya acelerado tanto que tenía ganas de decirte que estaba bien mientras tocaba tu cara y te besaba sin importar la multitud enlatada que había en el vagón. Eran demasiadas miradas que, tardía y nerviosamente pedí tu  numero. Para ser honesto quería cojerte, verte desnuda, pero si tú no lo deseabas no iba a imponer nada. Algo pasó, o muchas cosas nunca pasaron en realidad que cuando te expliqué que me llamabas la atención y que quisiera tener tu número pusiste una cara de repulsión, confusión. No entendí si dijiste que no me conocías o si no me entendías. Pero dijiste no, era lo que bastaba para que vuelva a la cotidianidad ya cómoda gracias a la persona que me hizo sentir cómodo luego de mucho tiempo, que no fuiste tú, obviamente, pero fue grato que por tu presencia haya sentido e imaginado tantas cosas.

A todas las personas mencionadas, en especial las que no tienen nombre y que no me hablaron. Gracias por haberme hecho imaginar.