sábado, 9 de marzo de 2019

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Ella estaba acostada en su cama, de lado, con la mirada perdida en algún punto entre la cómoda y el ropero del fondo. Hacía un clima templado, solo con tener la ventana abierta bastaba para que el aire entrara gentilmente refrescando la habitación. Con una musculosa y un short, ambos de color celeste pero en diferentes tonalidades, ella lograba que se haga poco contraste con el color de si piel clara, no lo suficiente como para perderse en las sabanas de un naranja ya gastado que si mal no recuerda ella las tenía desde que cumplió los cinco años de edad. Casi por el tiempo en el que se mudaron de casa, fue una mudanza que se podría llegar a creer que tuvo su propia personalidad, una despiadada a todo esto, una a la que poco le podía importar la dificultad de volver a crear lazos sociales cálidos una vez más, con la condición importante de que ya no se tienen fuerzas para decir hola a nadie más que se cruce frente a ti y te sonría amablemente cuando no tienes a nadie a quien llamar a las siete de la tarde.
Gira su cuerpo sin intención para ver el otro lado del cuarto, la otra pared, se ve un mini estante donde ella mantiene sus bienes de entretenimiento, su pequeño Netflix de todo, piensa ella fugazmente, aunque sabe bien que no está pagando ninguna mensualidad para tener lo que ya tiene, a menos que los hubiera adquirido hace poco con una tarjeta de crédito, o se lo haya comprado a algún amigo a plazos porque ya no lo quería pero no necesitaba el dinero co urgencia tampoco. Tiene un Netflixero muy pequeño en comparación a lo que ella quisiera tener, una idea de querer tener que funciona por comparar los netflixeros de otras personas, tanto en la realidad como lo que ha visto en papel y pantalla.
Hace un ruido al principio con una intención de hacer notar a quien sea que le pueda escuchar por ahí cerca que ella sigue viva, casi como un grito, pero cuando sale es demasiada la flojera que ha acumulado por estar en la cama que su grito se ahoga rápidamente pero gana un poco de intensidad solo para botar todo el aíra que tiene dentro de sus pulmones, es ligeramente prolongado. Con este sonido de parecer agónico logra volver en sí misma un poco para cerrar su grito de notoriedad con un gemido que le hace memoria de cuantos días lleva sin tocarse. En realidad no son días pero siento podría ser un buen momento si lo hago ahora, o tal vez en otro momento, ya he pasado en la cama y no lo he hecho, no quiero pasar más tiempo en esta solo por dedearme, además. Le surgieron unas ganas curiosas de verse en el espejo del baño de visitas, a pesar de que tenía su propio baño personal.
Al salir al pasillo alcanza a ver la pecera de esfera con los dos pecesitos azules y negros iluminados por la lámpara del alumbrado público que queda justo al frente de la ventana de la sala
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